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Domingo, 27 de marzo de 2005

INTERNACIONAL
EDICIÓN IMPRESA - Asia
Bishkek, la ciudad de los rumores

Bishkek, la ciudad de los rumores
Retrato rasgado del derrocado presidente, Askar Akáyev AP
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BISHKEK. Tras dos días de caos y de pillaje en las calles, cierta normalidad volvió ayer a Bishkek, la capital de Kirguistán. No obstante, la crisis abierta tras el derrocamiento de Askar Akáyev no está aún cerrada.

Las nuevas autoridades no controlan del todo la situación. Y esta circunstancia hace que la población se sienta tensa e insegura. La confusión se ve además agravada por multitud de rumores. «Parece que hacia la capital se dirige a caballo un numeroso grupo de partidarios de Akáyev para provocar altercados y causar una escisión en las fuerzas de seguridad», dijo en voz baja a un grupo de periodistas uno de los concentrados ayer en el exterior de la sede del Parlamento kirguís.

El actual presidente en funciones y primer ministro, Kurmanbek Bakíyev, también se refirió a esa supuesta incursión de jinetes en una intervención ante los diputados de la Cámara Alta. «Esta noche puede pasar aquí cualquier cosa», aseguró Ulán Orozalíev, asesor de un fracción parlamentaria. Al anochecer, se escucharon tiros en algunos lugares de la ciudad, aunque parece que fueron al aire y para intimidar a grupos de posibles saqueadores.

La avenida Chui, que flanquea la sede de la Presidencia, principal escenario de la revuelta, mostraba huellas ineludibles de los desórdenes. Los cristales de varias tiendas y restaurantes aparecían destrozados y sus puertas de acceso forzadas. Los almacenes Beta, propiedad de familiares de Akáyev, fueron los que más sufrieron la embestida de los descontrolados. La sección de electrodomésticos fue desvalijada. Y la fachada ennegrecida en el último piso demuestra que hubo un intento de quemar el edificio.

Algunos establecimientos abrieron ayer, aunque la mayoría permanecían cerrados. Lo único que funcionaba sin interrupción era el transporte público. Ayer, por primera vez, empezó a ser perceptible la presencia de patrullas policiales, aunque muchos edificios oficiales continuaban bajo la custodia de las unidades voluntarias de autodefensa organizadas por la oposición.

En los jardines que rodean la Casa del Gobierno, estaban ayer todavía los enseres arrojados desde los despachos de Akáyev y sus ministros: ordenadores destrozados, papeles, cristales y mueblos convertidos en astillas.

Otra ola de rumores sobre un supuesto atentado contra Bakíyev se desató cuando una rueda de Prensa que debería haber ofrecido éste tras la sesión parlamentaria de ayer se pospuso y, más tarde, se cambió de lugar. La comparecencia tuvo lugar finalmente en el departamento de Seguridad Nacional, donde la portavoz, Yelena Sevchikova, confirmó la existencia del complot, pero sin facilitar ningún detalle sobre las personas implicadas.

««Lo importante ahora es que nadie se tome a mal los lógicos cambios y que las disputas no desemboquen en enfrentamientos», comentaba con prudencia Talaibek Nurmanbétov, miembro de la Comisión Revisora de Cuentas.